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Relatos

Esta sección está dedicada a la opinión. Unas veces se manifestará como editorial y en otras, las más, en forma de Tribuna Libre. Todos estáis invitados a usar este espacio y también a opinar y, en su caso, replicar las opiniones que se formulen.

 

BODEGÓN DE VERANO MEDITERRÁNEO

La mesa está puesta con un mantel o hule de vistosos cuadraditos azules y blancos, de los de toda la vida. Sobre ella hay una gran jarra con un líquido espeso del color de los tomates, que se llama gazpacho, en parte vertido en algunos vasos mientras en otros luces el color granate de un vino tinto.

A su lado, en el centro, se hallan dispuestas en una gran fuente blanca, las jugosas, olorosas y multicolores frutas de la temporada de verano: melón, sandía, albaricoques, cerezas, picotas, melocotones y demás.

Desde el mar viene un sonido lejano, mezcla de su rumor sin oleaje, de su simple lamer la orilla de la tranquila playa, con las risas de los últimos bañistas que disfrutan del mar antes de comer y de la siesta.

Es una habitación amplia para ser un apartamento de playa cualquiera, pues caben un sofá, mesa de centro y dos butacas, algo que no es habitual en estos pisos.

Pero, volviendo a la mesa de comer, que es lo que nos interesa, en ella se está interpretando una delicada sinfonía sin la cual no existiría la vida sobre la Tierra.

Se está pintando un cuadro con amplia paleta multicolor, al fresco y en vivo y en directo, que durará unos instantes tan sólo; desaparecerá y volverá a resurgir como de la nada mañana a la misma hora y en el mismo sitio, si bien con algunas variaciones en los matices de color.

Desde la breve cocina, situada al lado del salón, se fue extendiendo el aroma como un halo invisible y divino que preparó el ánimo o el espíritu para la contemplación de este hermoso bodegón y la ceremonia de la comida veraniega. En la mesa hay varios platos blancos y sobre ellos luce, para terminar la composición de colores, el intenso amarillo del arroz.

El viento de lebeche mece las cortinas del salón de la playa y arroja sobre la escena casera esa intensa luz blanca que caía sobre la playa cuando eras un niño.

 

 

 

Aniceto Valverde Conesa

 

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