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Relatos

 

Presentación “Ella y el caballero de la palabra”
Librería “Escarabajal”, martes 6 de mayo de 2008

EL VALOR DE LAS PALABRAS

 

Se dice que la fe mueve montañas, y esto no deja de ser una metáfora. Pero afirmar que “la palabra mueve multitudes”, es una frase directamente apoyada en la realidad, según nos cuenta Sabino Fernández Campo en su prólogo al libro “Los discursos del poder. Palabras que cambiaron el curso de la Historia”. Como saben, Sabino Fernández Campo fue preceptor del Rey y Jefe de su Casa durante muchos años.

La fuerza de la palabra es inusitada. Al fin y al cabo, incluso desde el punto de vista religioso, la palabra significa un poder inmenso. En el Génesis, al describirse la creación del universo, se repite constantemente el efecto de la palabra de Dios. Dios dijo: “Haya luz y la luz se hizo”, etc. Hasta llegar a la creación del hombre. Y en cada etapa creativa “vio Dios que el efecto de la palabra era bueno”.

También en el prólogo del Evangelio de San Juan, se dice que “al principio era el verbo, y el verbo es Dios”. De la misma manera que en el Deuteronomio se recuerda que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Algo no existe si no puede ser nombrado. Por eso también Dios dio nombre a todos los animales y las cosas fruto de su creación. Y esto, como digo, puede que no sea más que una metáfora, pero no existe pensamiento sin ideas, ni sueño sin imágenes que sean descritas por la palabra al despertar de un nuevo día que tal vez conjure la pesadilla. Como no existe avance o innovación sin sueño e imaginación previos que sueñen una realidad diferente y puede que más justa que pueda ser transformada con la insustituible herramienta de la palabra.

 

Unamuno afirmaba que “el hombre es hombre por la palabra”. La potencialidad de pensar descansa, en último extremo, en las palabras con las que se ponen de relieve los elementos del pensamiento.

 

Por la misma razón la capacidad de hablar y de una de sus manifestaciones como es la de escribir, permiten la comunicación. El diálogo ha sido siempre el contrapunto del ejercicio de la fuerza. La palabra nos define como seres racionales frente a la irracionalidad, lo primario y primitivo que conlleva la intolerancia. Y esa forma extrema y colectiva de violencia que es la guerra.

 

Utilizar las palabras para escribir pasa necesariamente por ponerse en el lugar de otro: del o de los personajes que se crean y son hacedores de la historia que se cuenta. Y también, por qué no, del hipotético lector que habrá de conectar con la obra que debe transmitirle algo: un mensaje, un sentimiento, en tono sentimental, cómico o incluso científico o tecnológico. La literatura se conecta en esa frecuencia, longitud de onda (FM) o ahora diríamos en la IP del servidor donde se aloja una página web, que se encuentra entre la realidad y el sueño. Allí donde el hada Campanita le dijo a Peter Pan que le esperaría por siempre. Otros lenguajes o jergas como la jurídica, médica, la filosofía o la historia pura se cogen el dial del pensamiento en bruto o puro, con pretensiones de objetividad. La literatura, por el contrario, debe estar siempre contaminada por el sentimiento, la subjetividad, los diversos pareceres u opiniones y las distintas sensaciones: amor, terror, miedo, amistad, envidia y etc.

 

 

Uno de los prodigios más asombroso de la vida humana, de la vida de la cultura, lo constituye esa posibilidad de vivir otros mundos, de sentir otros sentimientos, de pensar otros pensares distintos incluso de los nuestros y que, posiblemente, nunca nos hubiéramos imaginado. Por eso leer es vivir mucho más de lo que los estrechos márgenes del tiempo vital nos permiten. Viajar es también vivir más, conocer otros lugares con sus historias y anécdotas. Ambas cosas se pueden compaginar como se viaja a través de la imaginación del escritor y la que crea o recrea el lector.

 

Ha dicho Emilio Lledó ( Necesidad de la Literatura ) que: " Las palabras son la sustancia de la que la inteligencia se nutre. Y esas palabras vienen engarzadas en la original sintaxis de la literatura. Un mundo hecho de lenguaje, argumentado y construido desde un infinito espacio donde todo el decir, todo el sentir es posible. Pero un mundo, además, que, en su soledad, en su maravillosa inocencia y libertad, ya nadie manipula, nadie tergiversa, nadie puede ya falsear y alterar." Es la complicidad que se produce entre el escritor y cada uno de sus lectores. Algunas obras, los clásicos, han llegado a superar todas las épocas y conectar directamente con el latido del corazón de cada lector.

 

Y prosigue Lledó: “En un momento, sin embargo, de esa cultura de la realidad, alguien pronunció ante sus oyentes, con el ritmo pausado del hexámetro «Canta, Musa, la cólera de Aquiles», y no existía Musa que cantase, ni siquiera Aquiles alguno que se pudiera encolerizar. Y no era la Musa la que cantaba sino el hombre que decía esos versos, que nos harían emocionar con ellos y pensar, de paso, que las palabras solas eran el origen de esa emoción… Ese lenguaje nos enseñaba que oír, leer, interpretar se desplazaban ya a un dominio donde ya la naturaleza del “animal que habla” construía y afianzaba su posibilidad, su liberación y, en definitiva, su humanidad”. Es el tusitala de todos los tiempos y épocas; es el hombre que cuenta historias – tusitala - como los nativos de la isla de Samoa llamaban a Robert Louis Stevenson autor, entre otras, de “La isla del tesoro”.

 

El intento de perseguir estos fines humanos anima tanto la idea que se quiere transmitir con “Ella y el caballero de la palabra” como la creación de mi página web www.expresodemandarache.es , esta última en especial dedicada al amor a las palabras.

 

“Ella” es un recuerdo que tiene mucho que ver con el generoso trabajo del ama de casa, que se concreta en la época de los años sesenta y setenta del pasado siglo XX. La nostalgia es un sentimiento asociado al recuerdo. En “Ella y el caballero de la palabra” se siente amor y el dolor por la pérdida de la persona amada, pero la nostalgia aparece referida a la ciudad de la que, un día, se tuvo que emigrar. Y el vehículo de la nostalgia son las palabras de “Cartagena entrañable” de Isidoro Valverde Álvarez, “el caballero de la palabra”, que se esconde siempre entre cada una de las líneas de esta pequeña obra.

 

Es un libro muy sentimental, escrito desde las emociones más que desde la frialdad del dato. Es decir que está en esa frecuencia entre la realidad y el sueño de que antes halábamos. Si transmite algo es o son sentimientos como el amor, incluso más allá de la muerte como en el famoso poema de Quevedo “Amor más allá de muerte” que acaba diciendo que mis “huesos serán polvo/mas polvo enamorado”; el descrito de la nostalgia de una ciudad y de un tiempo ya pasado, y la admiración hacia la figura de Isidoro Valverde que escribía desde esos mismos sentimientos, descubriendo y describiendo Cartagena y sus habitantes de la época con esa sensibilidad que le caracterizaba y que se plasma en los libros que nos dejó, muy especialmente, para mí, en “Cartagena entrañable”. Un tipo verdaderamente humano, humanísimo.

 

Para contar esos sentimiento, que podrían ser más propios de la poesía que de la narrativa, inventé una historia paralela, ficticia, pero verosímil ya que puede representar algo de la vida de nuestros paisanos de la época que empezaron a trabajar en la Bazán, se formaron en su escuela de aprendices, estudiaron en nuestras escuelas técnicas; es decir, que se hicieron Peritos Industriales, después Ingenieros Técnicos. Pasaron luego a trabajar en el montaje de la refinería de Escombreras con los americanos y, tras otra época en Tarragona, se vieron destinados a Madrid y, verdaderamente, asentados o afincados en la Capital.

A partir del retorno a Cartagena de este personaje inventado en 1996, después de su prejubilación en la empresa, es desde se empieza a desarrollar esta historia escrita, de verdad, desde el corazón.

 

Decía Rabindranath Tagore en uno de sus “Pájaros perdidos” que “las palabras van al corazón cuando han salido del corazón”. Sinceramente espero que esta historia contenida en “Ella y el caballero de la palabras” les llegue al corazón.

Muchas gracias.

 

 

 

 

 

 

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