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Relatos

 

 EL DUENDE DE LOS LIBROS

(Febrero 08)

 

Estas leyendo algo. No sé. Casi cualquier cosa. Puede que alguno de los libros que te llevaron de aventuras por La Mancha, con el ingenioso hidalgo. A deambular por el medievo; por la Inglaterra a caballo entre los normandos o los sajones, o de las Dos Rosas. Junto con los tres mosqueteros contra Richelieu. O a la vera del Mississipí con Tom Sawer de la mano de Mark Twain. Puede que leas los versos que te hicieron arder de amor en la adolescencia. O durante toda tu vida...

 

Las líneas, los renglones, se van convirtiendo en las láminas de madera de una persiana. Las que dejan entrever el sol de la siesta mientras la narración o los versos fluyen al compás de la mecedora. La magia de los libros se ha apoderado irremisiblemente de ti. Es ese duende que vive en los libros; entre líneas y bajo las palabras.

 

“En un momento de esa cultura de la realidad, -dice Emilio Lledó-, alguien pronunció ante sus oyentes, con el ritmo pausado del hexámetro «Canta, Musa, la cólera de Aquiles», y no existía Musa alguna que cantase, ni siquiera Aquiles alguno que pudiera encolerizarse. Y no era la Musa la que cantaba sino el hombre que decía esos versos, que nos harían emocionar con ellos y pensar, de paso, que las palabras solas eran el origen de esa emoción.”

 

Cuidado con las palabras. Que tienen duende. Que tienen alma. Que cuando pronunciamos el nombre de una persona -como nos cuenta Eva Luna- nos apropiamos de su espíritu. Casi como el Duende de los Libros que, cuando lees, anida en ti para nunca irse. Pues esto sólo basta para despertar a ese genio de la lámpara maravillosa que, en forma de Sherezade, no cesará de contarte hasta tu propia vida en sueños o de escribir para ti, los versos más tristes cada noche.

 

 

Aniceto Valverde Conesa

 

 

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