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Relatos

Esta sección está dedicada a la opinión. Unas veces se manifestará como editorial y en otras, las más, en forma de Tribuna Libre. Todos estáis invitados a usar este espacio y también a opinar y, en su caso, replicar las opiniones que se formulen.

 

 

LA SECCIÓN ÁUREA

Por Aniceto Valverde con la inestimable colaboración de Pedro M. Martínez Corada.


1.- PRIMERA ENTREGA E INTRODUCCIÓN


Este modesto trabajo –que divido en dos entregas por ser bastante extenso (que a la postre van a ser tres. Ya veremos por qué)- es una aproximación a lo que pueda ser el llamado –y no exento de misterio- número phi  (Ф), también conocido como número de Dios, Sección Áurea o sucesión  de Fibonacci  ya que fue descrita en Europa por Leonardo de Pisa, matemático italiano del siglo XIII. No obstante su aplicación, inconscientemente si se quiere, se pierde en la noche de los tiempos y es lógico ya que es una proporción que se afirma está presente en la Naturaleza.


En principio se trata de los elementos matemáticos y, especialmente, proporcionales que, aun siendo un número o una sucesión de ellos que carecen de una explicación racional o científica, se halla presente en la Naturaleza –como se ha dicho-, en un sentido amplio, o sea, como se decía o dice, en los seres animados, inanimados y los llamados semovientes.


Puede verse con detalle en esta ilustración que contiene el diseño de un ejemplo de la Naturaleza, según se afirma, conforme al número de Dios: el molusco Nautilus:


Nautilus


El número, aun siendo irracional, tiene numerosas aplicaciones en ciencias de la computación, matemáticas y teoría de juegos, que sería excesivo explicar aquí; aunque se puede poner como ejemplo el llamado Equilibrio de Nash. La segunda ilustración de este trabajo recoge al Hombre de Vitruvio sobre un fondo que es un recorte de periódico sobre la figura de John Forbes Nash.  A pesar de la esquizofrenia que padece, este matemático estadounidense  recibió el Premio Nobel de Economía en 1994 por sus aportes a la teoría de juegos y los procesos de negociación, junto a Reinhard Selten y John Harsanyi. La película “Una mente maravillosa” (2001) está basada en su vida. Cuando recibió el Nobel dijo: «Ahora parece que razono como un científico, pero eso no altera mi relación con el cosmos.» Y es que él afirmaba estar en contacto con seres extraterrestres. Por lo demás, tan sólo decir que en los citados campos (ciencias de la computación, matemáticas y teoría de juegos) en los que se emplea la lógica de lo ilógico, valga la expresión, es de aplicación (consciente o inconscientemente) el número phi  (Ф) (el llamado «dilema del prisionero», sería otro ejemplo). Y más teniendo en cuenta que el propio ser humano es imperfecto, lo que hace que perciba la belleza de los elementos diseñados por la Naturaleza o por el propio hombre conforme a esta proporción, directamente por los sentidos traspasando la frontera del córtex racional. Es decir: penetra sin límite en el cerebro de las emociones o también llamado límbico. Tendremos ocasión de verlo y sentirlo...


Sobre todo, la Sección Áurea aparece en configuraciones biológicas, como por ejemplo en las ramas de los árboles, en la disposición de las hojas en el tallo, en la flora de la alcachofa y en el arreglo de un cono.

 

Este valor constituye un guarismo imposible o número irracional. No se puede demostrar matemáticamente hablando. Sin embargo,  son muchos los que lo han visto en la Naturaleza y el Arte. Aparte de los griegos clásicos, quizás los ejemplos más relevantes de personas o colectivos que lo o la han apreciado, han sido o fueron personajes como Leonardo Da Vinci o los miembros de la Masonería (maçon en francés significa piedra o cantero y por analogía arquitecto) quienes lo consideraban o consideran el Número de Dios (al que también se representa mediante el símbolo de un ojo inserto en un triángulo). Conforme a esa proporción construyeron las catedrales góticas a lo largo del siglo XIII,  y en ella se inspiraron para dotar de esa característica luminosidad de sus vidrieras que también consideraban que era la magnificencia de la luz de Dios, un Ser  Supremo magnánimo, cercano a los hombres, superado el oscurantismo del románico.
Hay muchos ejemplos. La nueva ilustración que incorporo a este texto -representativa de mi ignorancia- es también muestra mi admiración por Leonardo Da Vinci. De todos es conocido, por ejemplo, el canon de belleza o proporción –vertical- del hombre: las dimensiones de la cabeza repetida siete veces más. En la Segunda parte de este trabajo, citaremos algunos ejemplos más de otras épocas y sobre todo desearía hacer una reflexión sobre los elementos, naturales o fabricados por el hombre, contemporáneos en los que creo se puede apreciar la Sección Áurea.

Leonardo 

 

El arquitecto que inició la construcción de la catedral de Burgos, construida entre los siglos XIII y XIV ya con una clara influencia gótica procedente de Francia, decía a su sobrino y discípulo:


«Esta obra no es sólo un edificio de piedra y argamasa, es un homenaje a la belleza, el símbolo más sabio y más sagrado de la hermosura de la luz de Dios. Por eso, querido sobrino, es tan importante saber determinar la armonía en las proporciones de nuestras obras, porque a través de ellas vamos a demostrar la armonía de Dios, su número divino. Ése es el secreto de esta catedral: está construida siguiendo las proporciones del número áureo, el que Dios eligió para construir el universo. Sólo nosotros, los maestros de obra, lo conocemos, y no debemos confiarlo a nadie que no sea capaz de guardar la confianza que en cada uno de nosotros deposita nuestra hermandad.


»Escucha bien: ese número es la unidad y su relación constante con dos tercios de la unidad más la unidad misma. Así ha construido Dios el mundo, y así nos ha encargado que construyamos sus templos. Somos la mano de Dios…»

 

Ya en la época contemporánea, sin perjuicio de otros muchísimos más ejemplos que, como se ha dicho serán objeto de una reflexión más profunda, se afirma que:

 

«(…) Existe una relación de equilibrio, armonía y simetría que se manifiesta en toda la Naturaleza, no sólo en el ser humano. Esta relación es la proporción áurea. Esta armonía y equilibrio se manifiestan en las pautas de diseño que aplica la naturaleza en las plantas, las conchas, el viento o las estrellas. Desde la estructura del ADN al contorno del Universo siguen esta proporción.

»Los griegos creían que la proporción conducía a la salud y la belleza. El diseño del Partenón de Atenas o de la Cámara Real de la Gran Pirámide, están basados, por ejemplo, en la proporción. El uso de la Sección Áurea o Divina Proporción también están presentes en el trabajo de Leonardo da Vinci (el rostro de la Mona Lisa está inscrito en un rectángulo  dorado perfecto), o en la música de Claude Debussy. También en La Alhambra, en el Escorial, en el David de Miguel Ángel…

 

»Más actualmente,  la Sección Áurea aparece…, y (en) los rostros de las modelos nos gustan especialmente porque estadísticamente se acercan más a las proporciones áureas en sus facciones que el resto de la población.

 

»Trazando circunferencias inscritas en los cuadrados en que se descompone un rectángulo áureo podemos conseguir una espiral logarítmica presente en la Naturaleza y en la arquitectura.

 

»Un rectángulo con una relación 5:8 mantiene esta proporción, y si lo dividimos en tres filas y columnas, obtenemos la regla de los dos tercios, por la que las intersecciones son los puntos ideales para colocar el motivo principal de la imagen

 

«La geometría cuenta con dos grandes tesoros: uno es el teorema de Pitágoras; el otro, la división de una línea en la razón media y extrema.

 

»El primero es para nosotros oro puro; el segundo, una piedra preciosa» afirmó Johannes Kepler (1571-1630) astrónomo y matemático alemán fundamentalmente conocido por sus leyes sobre el movimiento de los planetas alrededor del sol).»


La división de una línea en la razón media y extrema a pesar de su ostentosa denominación, es algo más o menos fácil de definir. Se trata de lo siguiente: si dividimos una línea o segmento en dos partes desiguales la proporción entre ellos siempre es igual a la que tiene la línea o segmento con la longitud total (inicial) del mismo.


«La capacidad de la sección áurea para crear armonía se deriva de la facultad única que posee de unir diferentes partes de un conjunto de modo que cada una conserve su propia identidad, a la vez que forma un patrón mayor de un único conjunto.», según afirma György  Doczy, arquitecto y autor, entre otros libros sobre el mismo tema y propios de su profesión, del titulado “El poder de los límites, proporciones armónicas en la Naturaleza, el arte y la arquitectura.”


En la segunda Entrega de este trabajo hablaremos de otros muchos ejemplos más que se aprecian en la actualidad: en la música (“Every Breath you take”…); en la Literatura (por ejemplo en la “Crónica de una muerte anunciada”, de Gabriel García Márquez…) y un largo etc.

 

 

 

 

 

SEGUNDA ENTREGA
2.- LA SECCIÓN ÁUREA EN LA  CONTEMPORANEIDAD: DIÁLOGOS CON PEDRO M. MARTÍNEZ CORADA.

 

Enlacemos con los últimos ejemplos que se citaron al final de la primera entrega.


Mi amigo Pedro Manuel Martínez Corada es un excelente escritor y fotógrafo, faceta que descubrí hace unos meses al ver sus fotos en la página especializada “Flickr” donde uno también viene publicando unas mucho más modestas. Nos conocíamos porque él dirige y escribe en la revista digital “Almiar, Margen Cero” –de muy amplia difusión y calidad tanto que os la recomiendo vivamente-  donde me había publicado alguna colaboración. Concretando, que con el asunto de la fotografía ya terminamos de sintonizar e intercambiamos –inusualmente- nuestros números de teléfono.


Creo que aproximadamente en noviembre pasado hicimos uso de esa forma de comunicación. Hablamos de muchas cosas.


Mientras me ha sido posible, he hecho algunos trabajos para un curso de verano de la Universidad Politécnica de Cartagena.  Pedro había visto y escuchado  el último  de esos trabajos y digo visto y  escuchado  porque se trata de un montaje audio visual con una transición de fotografías que ilustran el texto que voy leyendo y, lo más importante para este tema: su música de fondo es la canción “Every Breath you take” (si os interesa, podéis encontrarlo en mi web,  “El Expreso de Mandarache”,  Sección  “A Ciencia Incierta” bajo el título “El conflicto entre la transformación y la adaptación del hombre al medio ambiente actual”. (http://expresodemandarache.es/html/ciencia/ciencia.htm).


Pedro me dijo que estaba bien: «Pero has cometido un error con la música de fondo –me dijo-: no existe mejor versión que la original de Sting». Y es que uno había utilizado la coral a cargo de la “Scala&Kolacny Brothers” que es la –digamos- sintonía de la conocida serie de TV Downton Abbey.  Y añadió: «¿No sé si sabes que es la canción de amor más poderosa (sic) que se ha escrito?»
Ahí quedó ese asunto pues la conversación ya derivó hacia otros temas también interesantes. Por ejemplo, Pedro no está de acuerdo con el término al uso fotografía analógica. Él, que hila muy fino, habla de fotografía química «que tantos buenos ratos nos ha dado a algunos», afirmó y ahí –creo recordar terminó la conversación o lo más sustancioso. Volviendo un paso atrás –si me lo permitís- voy a insertar una ilustración que debía haber figurado antes. Pero bueno. Se trata del símbolo de la Masonería que se iba a quedar fuera del elogio a aquellos hombres que construyeron las catedrales de la luz, la luz de Dios, las góticas.

 Compás

 


Antes de citarle y/o de transcribir nuestra conversación, como imponen las leyes de la lógica y de la cortesía, me puse en contacto con él vía e-mail. Y me ha contestado no sólo permitiéndome y dando su conformidad o corroborando los términos de nuestra conversación, sino que, también, una vez más ilustrándome con su saber. No me puedo resistir a citar algunos de esos puntos. Dice así Pedro: «…El concepto de redondo que manejamos se ha utilizado y utiliza profusamente para indicar la perfección o el éxito en una obra o en un empeño…Y añadió:


«En la obra del escritor González Bermejo Revelaciones de un Cronopio; Conversaciones con Cortázar se citan estas palabras del escritor argentino sobre su idea de lo que haya de ser un cuento «...alguna vez lo he comparado con una esfera; es algo que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos


Se dice que sobre gustos no hay nada escrito. Dándole vueltas al tema de Sting, interpretado en principio, por el grupo The Police, me di cuenta de que tenía razón. Sin haber sido consciente de ello, también a mí me gustaba más esa versión.


Pero había una cuestión muy importante que había quedado en el aire. ¿Por qué mi amigo había calificado la canción “Every Breath you take” como la de amor más poderosa (sic) que se había escrito?


Siempre, como a tanta gente, me había gustado su música. Pero nunca había reparado en la letra hasta que mi amigo Pedro M. Martínez Corada, despertó mi curiosidad (lo que es algo fácil en mí, dicho sea de paso y con toda modestia).  De manera que cogí el mensaje de la canción. Hago una traducción muy, muy sintética y libre: “…¿Es que no te das cuenta de que hagas lo que hagas (respires o tomes aliento, movimiento que hagas, paso que des, incluso cada promesa que rompas o incumplas o cuando tu sonrisa es falsa…), tú me perteneces y ahí estaré y/o detrás de ti”. [Nota: salvo mejor criterio de filólogos…,creo que la expresión  I'll be watching you no se puede traducir ni como te estaré observando, ni mucho menos, como te estaré vigilando –ni en el sentido de ver la TV-: en este contexto una traducción literal, creo, llevaría al absurdo.]


Desde luego no podía sino estar de acuerdo: la canción “Every Breath you take” –compuesta por Sting- encerraba esa potentísima declaración: hagas lo que hagas, siempre te amaré. Redondo, ¿no? Y Pedro, al leer esto, vuelve a darme una información privilegiada, y lo digo muy sinceramente, extraída de su erudición. Resulta que Sting era profesor de matemáticas. Conocido este dato no puedo sino estar de acuerdo con él en que este extremo imprime un carácter especial, no sólo a la canción “Every Breath you take”, sino a muchas más de las compuestas para el grupo The Police «que tienen fuerza por sí mismas y como acompañamiento de la historia que se "cuenta”… tienen una línea conductora peculiar que las distingue, hecho que solo se produce en los compositores destacados.» Creo haberlo demostrado por mi parte con la reflexión y traducción que precede a estas líneas, aun no siendo tan bien fundamentadas como las que hubiera hecho Pedro M. Martínez Corada, mi amigo.


Uno, lo intentará fundamentar después, encuentra también esa armonía en la canción “La chica de ayer” compuesta por el malogrado (enfermo de sensibilidad) Antonio Vega. Ya digo, junto a otras citas literarias, diré el porqué según mi modesto criterio.
También me precisa que: «…me siento más "atraído" por el número π (pi). La serie de Fibonacci —y la relación entre dos de cualquiera de sus números que se aproxima al número áureo cuanto más se acerque al infinito— es igual de importante para diversas reflexiones y actividades humanas. Pero tanto a uno como al otro nos excede ya tanta profundidad matemática, aun reconociendo, como dice Pedro, que: «Estos números conducen, de forma irremediable, al debate sobre el universo en que vivimos: ahí se abren todas las posibilidades de reflexión que conducirán, sin duda, a nuevas vías de conocimiento sobre las formas que ha ido desarrollando la energía desde el Big Bang.»

Yo voy a intentar poner mi granito de arena. Decía Severo Ochoa que: «Mientras nuestro cerebro sea un arcano, el Universo, reflejo de su estructura será también un misterio» (Cita de su obra “Charlas de café”.)


No todo van a ser acuerdos –también intentaré fundamentarlo a la postre de estas reflexiones-, creo que la «redondez»a que se refiere Pedro no es la figura geométrica que representa esos conceptos en los que estamos de acuerdo y que, ya casi de consuno, a la par o a cuatro manos hemos definido e intentado transmitir…


Ya aparte y antes de continuar me vais a permitir que haga lo que llaman un  flashback. Es que viene a cuento y el ser tan despistado a veces lleva a la desorganización. Prometo que va en sintonía temática aunque no lo sea en la cronológica.


Félix de Lope de Vega y Carpio  (1562-1635)  fue calificado como “el fénix de los ingenios”. Traigamos a un primer plano de este trabajo su Soneto 126 o mejor dicho, el que se titula “Esto es amor”. Merece la pena transcribirlo:

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

 

 

Vaya cómo firma el soneto. Vuelvo a decir que no soy un experto. Pero si todo el poema es una maravilla para los sentidos, esa rúbrica final es lo que lo hace redondo, ¿no? Como la canción “Every Breath you take”, ¿no?
Una cita que creo que viene a cuento. Dijo Henry F. Amiel (1821-81), en su  Diario íntimo, «Mira dos veces para ver lo exacto. No mires más que una vez para ver lo bello». No hace falta más: lo armónico –digamos- se percibe antes porque llega  por la vía rápida al corazón, a las emociones y sentimientos.

 

Podríamos seguir poniendo y analizando temas de todos los géneros que se consideran  «redondos». Adelanto que mi opinión no es ésa, sino que su verdadera forma constituye otra figura de la geometría. Pero conviene no extenderse en exceso por respeto al posible lector. Así, si estáis de acuerdo, lo que en principio iban a ser dos entregas se van a convertir en tres, ¿vale?

 

 

 

TERCERA ENTREGA
3.-  MÁS CONTEMPORANEIDAD Y DIÁLOGO.

 

Cuando empecé este modesto trabajo sobre número phi  (Ф) ni sabía adónde iba a llegar, eso me lo ha ido diciendo el tiempo o desarrollo, ni mucho menos que se iba a convertir en un fructífero diálogo con mi amigo Pedro M. Martínez Corada. Durante el tiempo que ha durado la realización de este trabajo –insisto en lo modesto del mismo por mí parte- Pedro y yo hemos estado en contacto. Mi satisfacción y agradecimiento es tan grande como la tendencia a lo infinito –cuanto menos- del número phi  (Ф).


Pero sigamos y aunque saltemos de un tema o género a otro, creo que esa falta de sistemática no perjudica la exposición. A fin de cuentas, estamos todo el tiempo dándole vueltas al mismo tema.


Hay una frase de Pablo Neruda –no entro en sus otras ideas-  que dice: «Para nacer he nacido, para encerrar el paso de todo cuanto a mi pecho golpea como un nuevo corazón tembloroso.» El título de la obra a la que precede semejante declaración de amor por la vida, creo, no podía ser otro más que el de «Para nacer he nacido.» Pero la supuesta «redondez» es más que patente.
Mejores manifestaciones –creo- son las obras de Ítalo Calvino y de entre sus muchísimas obras  destacaría la Trilogía de Nuestros Antepasados  (compuesta por El barón rampante, El caballero inexistente y El Vizconde demediado.)


Y, en segundo lugar, pero no menos importante, toda la obra de Stefan Zweig. Aparte de El mundo de ayer y Momentos estelares de la Humanidad, escribió un cuento o relato –quizá menos conocido- titulado Los ojos del hermano eterno. Redondo o como queráis llamarlo: es una maravilla, de verdad.
Aquí tenéis los ojos:

 

Ojos

 


Toda la obra de Zweig. ha sido re-editada por la editorial “Acantilado.” Es una gran suerte porque permanecía en el olvido desde que los nazis ocuparon Austria y Zweig era austríaco y un escritor muy conocido y valorado. Por ello los invasores impusieron la ley del silencio sobre su obra. Un secuestro y desconocimiento que en nuestro país ha durado hasta hace bien poco.


Saltemos de nuevo a la música. Echemos un vistazo a la canción La chica de ayer. ¿Nos aclaramos o no sobre la relación que une a la chica con el autor? Por una parte te acuestas a mi lado (al del compositor) aunque sea sin saber por qué… Pero luego “me asomo a la ventana eres la chica de ayer/jugando con las flores de mi jardín./Demasiado tarde para comprender/ chica vete a tu casa no podemos jugar.”


Sin embargo: “La luz de la mañana entra en la habitación/tus cabellos dorados parecen el sol/luego por la noche al Penta [pentagrama] a escuchar/ canciones que consiguen que te pueda amar…Demasiado tarde para comprender/mi cabeza da vueltas persiguiéndote…”


La perfección que se aprecia en esta canción estriba en que -me parece sin duda porque he probado el amor- esos son los vaivenes del amor o del juego amoroso, si se me permite la expresión, (...esto es amor, quién lo probó lo sabe)
No me quiero extender, pero hay muchas otras manifestaciones de la Sección Áurea; por ejemplo yo creo apreciarla en la letra de muchas canciones de Bob Dylan porque no sólo son simples canciones, sino que ha sido y es un cronista de la cotidianeidad a todo lo largo de su ya larga vida. Pero, como todo lo que aquí se ha dicho, son opiniones.


Ahora surge una duda que, tal vez, constituya un pequeño desacuerdo entre Pedro y yo. Él me había hecho una reflexión y a lo largo de toda su intervención en este trabajo siempre ha hablado de «redondez». Me lleva a plantearme la cuestión:
¿Por qué Pedro dice que se siente más «atraído» por el número π (pi)?


Según lo entiendo yo, en mis cortos conocimientos matemáticos, se trata de lo siguiente:
La longitud de una circunferencia dividida por su diámetro da como resultado el número π (pi). Este número tiene, en principio, el consabido valor 3,1416. Pero el guarismo no sólo es aproximado ya que para hallar —a la inversa— el diámetro de una circunferencia tanto se puede aplicar por exceso como por defecto. Es decir, es igualmente correcto aplicar un valor de 3,15 como por defecto y hacerlo como 3,13. ¿Por qué? Porque el número π (pi) tiene infinitas cifras decimales.»

 

«Pedro afirma que la serie de decimales del número π (pi)  por mucho que se acerque al infinito no puede aproximarse al número áureo; en cambio, en la sucesión de números de Fibonacci (recalco números, no decimales) la relación entre dos de ellos —consecutivos— conforme dichas dos cifras sean cada vez mayores se encontrará más próxima al referido número (y, en definitiva, al infinito). Expresado de otra manera: la sucesión de números creada dividiendo un número de Fibonacci por su inmediato anterior tiende al número áureo, esto es, la sucesión infinita de los números terminaría en el número de oro.


»Sin lugar a dudas lo «elíptico» es sumamente sugerente también: como sabes, los planetas del sistema solar tienen una órbita elíptica alrededor del Sol y en el lenguaje utilizamos con frecuencia el sujeto elíptico, por citar algún ejemplo...Yo me inclino más por la «redondez» de la circunferencia atendiendo a lo que se ha denominado desde la antigüedad como la «música de las esferas» —valga citar aquí que música nos refiere al arte de las Musas, según creo recordar—; teoría del gran Pitágoras sobre la que se sigue especulando, pero, como bien dice el príncipe de Dinamarca: «Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las que sospecha tu filosofía...».

 

Por mi parte, estoy totalmente de acuerdo con Pedro. Y, como último comentario sobre este tema o sobre este modesto estudio, quiero precisar que: «Al aplicar el número phi  (Ф), Sección Áurea, Divina Proporción o sucesión de Fibonacci, como se quiera, la forma geométrica estará siempre –a mi modesto entender- sujeta a los cambios derivados de ser un número proporcional, además de irracional, de ahí que todos los ejemplos que se han puesto serán siempre distintos. Además, insisto en que la Divina Proporción penetra directamente en el corazón, en la sensibilidad…»

 

Pero, claro, uno no va por ahí diciendo que algo que le gusta en una espiral (encima logarítmica). Podemos intuir el calificativo que nos asignarían.

 

Creo que es por eso por lo que se adjetivan esas cosas, en general, de «redondas», sin quitarle un ápice de razón a Pedro y su preferencia por la «redondez», las circunferencias y, en definitiva, por el gran número de Pitágoras, el π (pi) y la infinitud de sus decimales lo que creo que a la postre puede ser si no infinito o conducir a él (como el phi  (Ф), sí que nunca será, propiamente dicho y según mis cortos conocimientos, un número irregular: nunca será exacto y ésta –al menos no creía- debía ser una característica de los números.


Por último, no me resisto a transcribir una última cita que nos hará converger:


«Las palabras son la sustancia de la que la inteligencia se nutre. Y esas palabras vienen engarzadas en la original sintaxis de la literatura. Un mundo hecho de lenguaje, argumentado y construido desde un infinito espacio donde todo el decir, todo el sentir es posible. Pero un mundo, además, que, en su soledad, en su maravillosa inocencia y libertad, ya nadie manipula, nadie tergiversa, nadie puede ya falsear y alterar...


»…En un momento, sin embargo, de esa cultura de la realidad [la que se ha impuesto], alguien pronunció ante sus oyentes, con el ritmo pausado del hexámetro: «Canta Musa, la cólera de Aquiles», y no existía Musa alguna, ni siquiera Aquiles alguno que se pudiera encolerizar. Y no era la Musa la que cantaba sino el hombre que decía esos versos, que nos harían emocionar con ellos y pensar de paso, que las palabras solas eran el origen de esa emoción. Al no podernos conformar a ninguna experiencia pragmática, ese lenguaje nos enseñaba que oír, leer, interpretar se desplazaban ya a un dominio donde la naturaleza del «animal que habla» construía y afianzaba su posibilidad su posibilidad, su liberación y, en definitiva, su humanidad.»


Emilio Lledó (Necesidad de la Literatura)


En definitiva es la humanidad del hombre lo que importa. ¿Qué más da que mi amigo Pedro M. Martínez Corada hable de «redondez» y uno, modestamente, pueda ser algo más sofisticado y quiera decir que lo mismo es «elíptico?». En cualquier caso se trata de alcanzar la «armonía» en el hombre o en su actuar. Como decían los jurisconsultos romanos, en concreto Ulpiano: iustitia es Honestae Vivere, Alterum Non Laedere, Suum Cuique Tribuere: «La Justicia consiste en vivir honestamente, no hacer daño a los demás y dar a cada cual lo suyo

 

 

©  Aniceto Valverde,  2013

 

 


"El número de Dios", José Luis Corral (pág. 114, Círculo de Lectores). Y

“Fotografía de alta calidad”, José María Mellado. Capítulo titulado «La Sección Áurea. Las Matemáticas y el Arte». Artual, SL. Ediciones, 2011; pág. 21.

 

 

 

 

 

 

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