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Relatos

Regalar libros y palabras

Regalar o recomendar un libro es casi como una declaración de amor. Un acto íntimo de revelación de un secreto. Que se sintoniza con el autor, que se siente en la misma frecuencia: en aquel ancho de banda o I.P. que está entre la realidad y los sueños, donde habita lo fantástico. Todo acto de comunicación es un acto de amor. Alguien ha puesto el mensaje en esa frecuencia seguramente nada más que por esa necesidad de comunicarse, de dar algo de uno mismo a los demás. Generalmente los sentimientos y las experiencias. Lo que fue o lo que pasó como en el relato histórico. O lo que puede que ocurriera, que para eso están la imaginación y la fantasía.

Alguien dijo que la literatura era la “memoria lírica”. Y qué duda cabe de que se puede contar la vida "real”, la vivida, empañada por la bruma del recuerdo, como que cuando se quiere contar algo no queda más remedio que echar mano de la base de datos de los recuerdos, o de lo oído o leído en alguna parte. Para vestir la historia, el cuento; para dotar de sentimientos a las palabras a través de la poesía, que también puede ser narrativa. Para deducir de lo obvio, de lo que todos llevamos viendo desde que el mundo es mundo, una nueva metáfora.

Algunos de estos juglares nos han enseñado que incluso se puede contar en futuro. Y él llegará y encontrará sobre su mesa una nota en la que alguien habrá escrito –ya nos enteraremos quién- unas palabras, o recibirá un correo electrónico o un SMS. En él sólo le dirá:”Lee”. Que leer es vivir doble o triple. Es vivir y volver a vivir a través de lo que otros han vivido o sentido. Que la vida es breve y te estás perdiendo todo el mundo mágico que se esconde entre las líneas y detrás de las palabras. Pero ten cuidado. La lectura es un acto de amor y un acto en el que el entendimiento se pone en marcha y se carga gracias a la imaginación. Y tocar un libro es como tocar a un amante. El que no sabe hacerlo no sabe lo que se pierde. Y el que lo hace nunca lo olvida Las autoridades sanitarias deberían advertirlo severamente. Las palabras crean adicción. Quien lee una vez sueña constantemente en reincidir.


 

Aviso legal | © Aniceto Valverde Conesa. Cartagena. España. 2007