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Relatos

ADMUR ME DIJO

Por Darío Cañete Fernández

 

No habrá muro suficientemente alto en el mundo que no pueda saltar. Y si no cavaremos en la tierra y pasaremos por debajo.

 

La despedida

Admur me dijo que no tuviera miedo, que estuviese tranquilo, que sus amigos me llevarían a Europa a España. Me he despedido de mi familia, de mis padres y de mis hermanos: he prometido que les mandare dinero para que puedan vivir bien. También he ido a ver al Marabú, que es el Santero. Después de varias horas de plegarias, de salmos y de rezos me ha dicho la frase “ la rute est Claire” (“ la ruta esta clara ”). Cuando el Marabú dice esa frase quiere decir que puedes hacer el viaje.

Le he dicho a mis allegados que no lloren, que seré fuerte, que vendré dentro de unos años con un gran coche y con muchos regalos para todos.

 

Aun así, soy consciente del peligro que supone el hecho de que no sé nadar, pero no me importa jugármela. Admur me dijo que sus amigos harán un gran cayuco para que las olas no nos vuelquen, que buscaran las mejores maderas de los mejores árboles, que buscarían a los mejores patrones, que no pasaría nada y llegaríamos sanos y salvos a nuestro destino, en definitiva, a disfrutar de una vida mejor, de las comodidades y derechos que vemos en las televisiones y cuentas los que allí han estado.

 

El viaje

 

Ahora estoy sentado esperando que venga Sam, el capitán del cayuco, que también es el jefe de los patrones. Tengo que entregarle los 650.000 francos cfa. (1.000 euros) que faltan puesto que ya le di otros 650.000 cfa. a Admur antes de salir de mi pueblo. Por fin ha venido Sam con otros tres hombres que parecen también marineros, no paran de mirar las estrellas, el mar, la luna.

Nunca antes había visto el mar, pero me da una sensación entre miedo y atracción. Mi padre, mi abuelo, mi familia entera han sido campesinos: sólo oíamos hablar del mar cuando se contaban historias de barcos enteros tragados por él, por monstruos horribles que no dejaban ni un hombre vivo. Pero no tendré miedo, lucharé por tener un médico cerca de mi casa, un televisor grande para ver el fútbol y mandarle dinero a mi madre y a mis quince hermanos. He pasado todo el día en un autobús desde Linguere hasta Nouadibu: ahora Sam y sus hombres están cargando los bidones de gasolina al cayuco ,que mide más de veinte metros y lleva dos motores de 60 cv. Sam dice que son nuevos pero llevan mucho oxido y están pintados de varios colores. Ahora me piden que duerma, no sé si podré, estoy temblando y no es de frío.

 

La huida

He visto morir a mis vecinos, a mi familia de hambre, infectados de enfermedades indescriptibles. Huyo de un destino cierto en pos de otro no más halagüeño, pero la esperanza no la voy a perder por culpa del miedo .Admur me dijo que no hay hambre en Europa, que la comida se tira porque hay mucha; que hay muchos médicos y enfermeras y medicinas que impiden que una simple picadura de mosquito te lleve a la muerte por malaria. Rezaré y me quedare dormido.

 

 

 

Mi pasado

Nací en Talto en la región de Kolda del sur de Senegal, pertenezco a la etnia Peul. Mi padre se dedica a la recolección de productos de subsistencia básicos: arroz, maíz, almidón. Después de la sequía, las tierras dejaron de ser productivas, ya producen muy poco y tiene que dedicarse a trabajar en la recolección del cacahuete y del algodón. Mi madre se dedica a cuidar de mis hermanos y a recoger agua al río. Teníamos gallinas, cabras y vacas, pero las vacas son sagradas para nosotros, por lo que no podemos venderlas, ni comerlas.

Yo siempre quise ir a la escuela, pero mi padre no quiso que fuera por no dar clases de religión musulmana y se dan en francés, y todo esto no le gusta a mi padre que sólo quiere o quería que le ayudara en el campo, pero lo que el gana no da para comer todos mis hermanos. Cada vez que enferman no podemos llevarlos al hospital de Kolda. Lo llevamos a los ambulatorios (la case de Sainte ), pero allí no hay médicos ni tienen medicinas. Estoy desesperado por la situación de mis hermanos: soy el hermano mayor y debo hacer algo para que no sigan padeciendo.

 

Admur llegó con su moto y me enseñó una lista repleta de nombres de mi pueblo, amigos, vecinos, primos: conocía a la mayoría. ¿Qué podía hacer ante tal desesperación? Admur me enseñó unas fotos en el móvil, de su primo en España. Allí tiene trabajo, una nevera llena de comida, un hospital cerca. Vive en Lleida, que está cerca de Barcelona y dice que ha visto a Etoo, el jugador de fútbol, jugar. La decisión ya la he tomado, le diré a Admur que sí iré: cualquier decisión será mejor que quedarme aquí.

 

(Continuará…)

 

 
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