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LA VIÑETA POR ESCRITO

 

EL CAJERO A PILAS

 

 

“Ya está. Ya lo tengo: una idea más para solucionar nuestros problemas de liquidez bancaria –dijo el ejecutivo. Las ojeras le llegaban por el suelo-. Será el c.c.c.”. “Bah, eso ya está inventado. El código cuenta cliente –contestó otro de los reunidos. “Que no, hombre. Será el cajero a cuenta del cliente ”, replicó el primero.

 

Unos días más tarde un ciudadano cualquiera fue a hacer uso de una de esas máquinas. En la pantalla del cajero automático aparecía una nueva leyenda. No le ofrecía un nuevo depósito o línea de crédito fácil. Ponía: “Comprometidos con la ecología, este cajero funciona a pilas”.

 

La máquina presentaba un aspecto distinto: tenía más ranuras y conexiones de lo habitual. El sorprendido usuario, no obstante, no dejó de introducir su tarjeta de débito, o sea, no de crédito: él quería su dinero. Y tecleó su clave. El cajero automático contestó : “Antes de operar debe Ud. introducir cuatro pilas alcalinas reciclables en el compartimento “A”. Si no dispone de ellas puede adquirirlas en el dispensario anexo. O pulse el botón continuar , de color verde”.

 

En efecto, al lado del cajero automático había otra máquina parecida a las que dispensan preservativos en los servicios de algunos bares. “ Insert two coins ”, ponía en inglés, y las dos monedas a las que se refería, por su dibujo, eran de dos euros cada una. “La hostia, dijo el cliente palpándose los bolsillos, no tengo monedas”.

 

Como necesitaba el dinero para pagar una deuda (llevaba un mes sin poder pagar al panadero porque él, a su vez, no cobraba unas comisiones que le debían) pulsó la tecla verde (“continuar”) del puñetero cajero automático. Éste replicó de nuevo: “Cualquier operación está sujeta a la ecotasa de cuatro euros. En su defecto conecte su móvil en el compartimento “B”. Y se iluminó una nueva ranura adaptada al extremo inferior del teléfono móvil, algo así como si lo fuera a recargar, pero al revés, ya que se podía entender que el dispositivo servía para que el cajero automático le chupase a la batería del móvil la energía eléctrica para funcionar. El hombre ya no sabía qué hacer. Pero le pareció mejor elección conectar su teléfono móvil donde le indicaban que pagar la supuesta ecotasa. A todo esto el cajero volvió a hablar : “Introduzca el pin de su teléfono móvil.”

 

El sorprendido usuario de banca estaba atónito. Ya se había formado una cola extraordinaria detrás suya y la gente se estaba desesperando. “¡Qué pasa, está Ud. jugando a los marcianitos con el cajero!”, aulló histérico un representante médico. El usuario, también ya muy nervioso, introdujo el código pin de su móvil y a continuación la pestaña “sacar dinero”, y luego la cantidad que deseaba.

 

Cuando iba a recoger su dinero, de la esquina de enfrente salió disparado un supuesto caco que, ante la sorpresa y el bloqueo de todos los presentes, le arrebató el efectivo y el móvil.

 

Él no lo sabe, pero el presunto delincuente no lo era, sino que iba disfrazado. Podía ser un funcionario del Banco Central Europeo o el español. Pero lo más probable es que sea un honesto empleado de la propia entidad que volvió a ingresar el dinero en el banco o caja para inyectarle liquidez, no perder su empleo y asegurarse, en la medida de lo posible, la vejez en estos duros, durísimos tiempos de crisis.

 

 

AVC

 

Versión aparecida en La Opinión 4-12-2008 (pdf)

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