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LA BAJA: MISIÓN IMPOSIBLE

 

Con todo respeto para las personas que tienen que ganarse la vida así

 

 

“Ha llamado a atención al cliente –dice la voz automatizada del 902 (con cargo al usuario)- Si desea darse de alta pulse uno; si desea cambiar a facturación electrónica pulse dos… Si desea realizar cualquier otra consulta permanezca a la espera.”

Suena una musiquilla. Pasa un tiempo. La voz dice: “Todos nuestros teleoperadores se encuentran ocupados en este momento. Permanezca a la espera, en breves instantes será atendido”. Más musiquilla. Al rato una voz humana dice muy deprisa: “Buenos días. Le atiende (nombre ininteligible), ¿en qué puedo serle de utilidad? ¿Ha recibido ya nuestra nueva oferta “varios viajes por un libro sin leer”?

“No, mire, lo que yo deseaba era aclarar mi situación con su compañía. Hace tiempo llamé a este número de teléfono para darme de baja en sus servicios. Y el caso es que aún me siguen mandando facturas”.

“A ver, señor –dice la voz- ¿me da usted su DNI, el número de afiliación a la Seguridad Social y su talla de pantalones?” El usuario, resignado, vuelve a dar los datos que ya había dado en aquel momento anterior en que creyó que ya había conseguido la baja.

“Señor, aquí me consta que usted se dio de baja hace diez meses en nuestro servicio principal; pero sigue abonado al seguro de defensa frente a ataques de cocodrilo abandonado en el alcantarillado.”

“¿Cómo? Le juro que nunca he contratado semejante seguro. Además, le dije a su compañera la otra vez que me diera de baja en todo lo que tuviera con su compañía”. El usuario estaba ya un poco mosca.

“Pues es un seguro muy barato y eficaz…Y era una promoción conjunta con la suscripción del contrato principal, gratis durante los seis primeros meses”.

“Oiga, que me dé usted de baja ya”. El usuario ya estaba enfadado, pero la voz insistía: “¿Está usted seguro?”. “Sí, ya, hágame el favor”. Suena otra vez la musiquilla del principio y al cabo otra voz automática dice: “Por su seguridad y confianza se va a proceder a grabar la conversación”. Vuelve la voz humana, pero antes el usuario interrumpe ya mosqueado del todo: “Claro, ustedes graban y a uno no le mandan ni una copia. Y así pasa lo que pasa. ¿Con qué prueba me quedo yo? La seguridad será para ustedes”.

“Señor, si no hay grabación no podemos continuar con el procesado de su baja, y le advierto que es ilegal que usted grabe sin nuestro consentimiento. ¿Desea continuar?”. “Sí, siga, y grabe lo que le dé la gana”.

Cuando por fin parece que el proceso va a terminar, otra voz distinta dice: “Antes de finalizar el proceso, le rogamos que valore la calidad de este servicio dándole una puntuación de cero a diez, utilizando el teclado de su teléfono, a los siguientes puntos: Buen trato, accesibilidad, rapidez…”

Unos días más tarde el usuario recibe por correo postal una carta del suministrador. Se felicita: sin duda debe ser la ansiada baja. El sobre contiene un extenso y bonito folleto sobre las bondades del seguro. Ya no es una leyenda urbana. Desde que comenzó la crisis sí que se han dado casos de mucho peligro por los cocodrilos cuyos dueños iniciales se deshicieron de ellos arrojándolos por el váter y crecieron en las alcantarillas.

 

 

 

 

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